Hay ciudades que se conocen mirando hacia arriba. Otras, siguiendo una calle. Ronda, en cambio, parece pedir otra forma de atención: caminar despacio, acercarse a una flor, tocar con la
Alquimia como proceso creativo en la que se basa para transformar la materia en algo bello y singular. Para ello, compone sinfonías de fragancias en los que plasma recuerdos, sensaciones y emociones.













